Hambre de conocimiento

1846… el brillante Frédéric Chopin realizaba sus últimas composiciones sabiendo su delicado estado de salud.

En Roma, tras tres días de cónclave (14-16 de junio), el cardenal Ferretti fue elegido como sumo pontífice y asumió su mandato como Pío IX tras la muerte de Gregorio XVI a fines de mayo.

Neptuno fue descubierto en septiembre y a fines de año; pero en Australia, el naturalista y explorador Ludwig Leichhardt preparaba su segunda expedición por el aquel entonces muy desconocido continente.

Por: José Ángel@poetadelrelato

 

«El príncipe de los exploradores» había arribado al país a bordo del Sir Edward Paget en febrero de 1842 tras haber zarpado de Londres en octubre del año anterior. El plan del también científico alemán era estudiar ciencias naturales en un vasto terreno inexplorado, además de seguir ampliando su conocimiento de geología, botánica y zoología.

El por aquel entonces hombre de 33 años, era bastante conocido por ser autodidacta. Previamente estuvo estudiando filosofía y lenguajes, también ciencias naturales; pero no obtuvo título en ninguna de ellas. Prefirió dejar de seguir un sistema prescrito y adquirir conocimiento por mano propia, lo que conllevó a que se le llamara «doctor» (una denominación más que importante en esos años) debido a su nivel de erudición y la incesante búsqueda del saber.

 

En 1844 ya había realizado una expedición que permitió el descubrimiento de la ruta norte-este a través del continente. Si bien demoraron un tanto en realizar la expedición, casi todo resultó como esperaba Leichhardt, ya que cabe mencionar que durante el desarrollo de ello un grupo de aborígenes mató a John Gilbert quien era parte del trabajo que para sorpresa de muchos arribó en Port Essington el 17 de diciembre de 1845, cuando ya todos daban al grupo por muertos. Además de la ruta, también fueron encontrados yacimientos de carbón, lo que claramente iba a contribuir al desarrollo del país. La andanza de mas de 4.800 kms. (4828 kms. para ser más exacto) fue un éxito.

 

El expedicionario viajó a Inglaterra para dar algunas conferencias sobre Geología, Botánica, Historia Natural y Capacidades del País entre Moreton Bay y Port Essington; aunque también para preparar el siguiente periplo: Cruzar Australia desde Darling Downs hasta la costa oeste y seguir la zona costera hacia el sur hasta el asentamiento del río Swan.

Todo fue pensado de manera meticulosa y clara. Se tenía que evitar los errores del pasado, por sobre todo que no hubieran víctimas fatales durante el desarrollo del viaje.

En diciembre de 1846, el grupo de ocho partió de Darling Downs atrasado ​​por las fuertes lluvias y el problemático mantener de los animales que se llevaban para comer (la carne se descomponía con demasiada facilidad y se comportaban algo intranquilos). Además, la fiebre no les dio clemencia, por lo que se vieron obligados a volver después de recorrer poco más de 800 kms. (805 kms.) en junio de 1847. Sólo 15 días después de que habían iniciado el andar.

La frustración se hizo parte del alemán, pero esto no fue suficiente para que en agosto Leichhardt regresara a Sydney para organizar una segunda expedición al río Swan.

En febrero de 1848, el ahora nuevo grupo de siete personas se reunió en Darling Downs. Todo parecía estar a favor, los tiempos eran buenos, los animales estaban tranquilos y se enteró que Edmund Kennedy había regresado de seguir el río Victoria gracias al aval de Sir Thomas Mitchell. Este expedicionario informó buenas nuevas sobre otros territorios; pero lo que más tranquilizaba, era que estarían solos en el campo y seguro podrían realizar una labor más extenuante, más detallada y también tratar de resolver muchos problemas de ruta en el centro de Australia (sólo si podía bordear el límite norte del desierto).

Fue así que con todo planeado y la agenda bien definida, partieron desde el río Condamine en marzo de 1848. El 3 de abril llegaron a la estación de McPherson, Cogoon en Darling Downs.

Tras el arribo, emprendieron rumbo desde Cogoon por tierra; aunque antes de salir rumbo a la expedición escribió un reporte (4 de abril) para el Sídney Morning Herald que todo era favorable y que sólo las moscas eran algo fastidiosas, entre muchas otras cosas más.

 

El viaje de casi 5000 kms. por el interior de Australia debía durar dos años. Pero desde aquel 4 de abril, no hubo más noticias del grupo de siete hombres, igual número de caballos, 20 mulas y 50 bueyes.

Tuvo que llegar el año 1852 para iniciar una búsqueda del grupo, ya que existía la posibilidad de algún retraso producto de las condiciones de los terrenos; además, la expedición anterior los había dado por muertos y «de la nada» aparecieron en el destino.

 

Las resoluciones fueron concluyentes casi de inmediato: Desaparecieron sin dejar rastro.

 

La búsqueda continuó hasta la década de 1930… hubo rumores de «hombres blancos» viviendo entre los aborígenes, pero no se encontró nada salvo una sola pista: la placa de Leichhardt unida a un arma quemada, la que además se encontraba encajada en un árbol de boab, en la que se había tallado una “L” (que se sabe era lo que el expedicionario solía escribir en ciertos lugares de vez en vez para «marcar» sus viajes).

 

La placa ha sido analizada una y otra vez de manera exhaustiva, arrojando algunas ideas sobre la ruta que el explorador y sus acompañantes pudieron haber tomado; aunque hasta ahora, los escasos hallazgos han proporcionado muy poca información sobre el destino de Leichhardt y esta segunda expedición.

 

Algunos sugieren que se pudieron haber perdido y eventualmente deshidratado. Otros que los aborígenes no tuvieron clemencia con el grupo… la verdad es que nadie sabe lo que pasó con este hombre que por seguir alimentando su conocimiento y también permitirse tener mapas tempranos del país continente de Australia simplemente «se esfumó».

 

 

 

Imagen: Wikipedia