Ya son «60» del primer vuelo

Por: José Ángel@poetadelrelato | Imagen: Alexandr Ugryumov

El espacio es un terreno prácticamente desconocido, algo así como el mar. Conocemos algunas cosas; pero a ciencia cierta, la mayoría es algo aún por descubrir.

Blue Moon de The Marcels le había quitado recién el cetro de la N°1 a Surrender del legendario Elvis Presley en las listas musicales de EE.UU. La prácticamente reconocible introducción de Cornelius Harp volvió a esta reversión de la clásica canción un éxito inmediato, y catapultó al estrellato al novel grupo musical.

La competencia por la carrera espacial estaba desatada. El país norteamericano de «las barras y las estrellas» y la URSS no daban tregua por la «conquista» del terreno extraplanetario. El Explorer 1 norteamericano y el Sputnik 1 soviético se pusieron en órbita con éxito en 1958 y 1957 respectivamente.

Es así, que tras un largo tiempo de pruebas y una ardua elección apareció un hombre carismático, prototipo del nuevo hombre soviético. Justo a tiempo para ir por «la conquista del universo» con un nuevo semblante y una sonrisa «luminosa»: Yuri Gagarin.

No existía otro nombre para el desafío. Sus propios compañeros lo erigían como el candidato ideal, contaba con experiencia como piloto y paracaidista; pero eso no era todo, ya que su dominio innato de las relaciones públicas le sumaba aún más (ya que posterior al evento iba a ser altamente necesario) y por si todo ello no fuera suficiente, era de baja estatura (menos de 1,60 mts.), algo clave dado el reducido espacio que poseía la cápsula del Vostok 1.

Era un hombre de honorabilidad intachable, a diferencia de su suplente de vuelo, que arrastraba fama de mujeriego y dado para las fiestas. Nunca se vio vuelto en un escándalo… simplemente, era perfecto para la tarea.

Sus habilidades técnicas le permitieron pasar sin problemas las pruebas del complejo vuelo orbital y además, no tuvo mayores percances para aprobar las exigentes pruebas físicas de entrenamiento.

 

El día «D»

12 de abril… 1961… 9 de la mañana en suelo soviético. Los nervios se sentían en todas las latitudes. Era un día clave, pues era la posibilidad de completar el «triplete espacial» (porque cabe mencionar que la Unión Soviética fue el país en colocar el primer satélite artificial en órbita y también el primer ser vivo en el espacio: la perra Laika).

El Cosmódromo de Tyuratam ya estaba con todo listo para el despegue del Cohete R-7.

El conteo no se hizo esperar…

5… 4… 3… 2… 1… … … … … El cohete central y los cuatro auxiliares sacudieron el ambiente, el estruendo se apoderó del silencio y el despegue se desarrolló sin problemas.

Tras nueve minutos, la nave alcanzó la órbita terrestre y empezó su recorrido por la misma; pero no fue hasta 25 minutos después (del lanzamiento), en que al fin se pudo saber a ciencia cierta que el vehículo espacial se encontraba en trayectoria segura. Para ese entonces, ya sobrevolaba el Océano Pacífico fuera de la URSS y en dirección hacia el lado no iluminado de la tierra a esa hora.

Tras 108 minutos, y también convertirse en el primer hombre en comer a bordo de una nave espacial, llegó el momento de terminar este «vuelo perfecto».

Se activaron los cohetes de retroceso tras alinearse la cápsula…

 

Los contratiempos

Durante la reentrada a la atmósfera, la nave no se desprendió de unas piezas clave para evitar una falla de orientación en su descenso a tierra.

La cápsula empezó a girar violentamente, poco a poco el lugar de aterrizaje estimado se alejaba. Yuri Gagarin poco podía hacer desde el habitáculo, ya que tuvo que resistir los giros sin control que aumentaban en velocidad.

Con el correr de los segundos, las posibilidades de que el cosmonauta aterrizara calcinado dentro de una «bola de fuego» aumentaban. ¿El sistema remoto? No respondía.

El piloto soviético cerró sus ojos mientras los giros, el calor y sacudidas iban en un aumento desenfrenado. Prácticamente, todo quedaba a merced de un milagro.

Pero para tranquilidad de todos, la fortuna estuvo del lado de la proeza y la historia, ya que el mismo calentamiento debilitó el sistema de anclaje, y tras casi diez minutos de una caída prácticamente descontrolada, las partes se desprendieron como estaba planeado en un comienzo.

 

Final feliz

Con las partes expulsadas continuó el descenso cruzando África y Oriente Medio. Los contratiempos desplazaron la zona de aterrizaje 1.400 kilómetros aproximadamente hacia el oeste.

Gagarin se sujetó del asiento eyectable y activó el mecanismo… una vez que se encontró «a salvo» en los cielos, abrió su paracaídas y fue a parar al sur de la población Engels, más específicamente a cuatro kilómetros de la orilla del río Volga, en medio de un campo de cultivo ante la mirada atónita de un granjero y su hija.

Esto marcó otro hito, pues fueron las primeras personas en encontrarse cara a cara con un viajero del espacio.

 

Tras esta proeza, Yuri Gagarin nunca más volvió a ir al espacio, y quedó marcado para la historia de la toda la humanidad.