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Cartas al cielo, una dedicatoria a nuestras mascotas

No lo sabes, pero sobre tu pelaje, tu bello y atigrado pelaje, caen gotas de lluvia, gotas de vida, que irónicamente -como si la vida se burlara- empapan la tierra y el pasto que hace más de un año y medio cubren tu cuerpo.

El día está triste y es como si de nuevo me clavaran la daga de saber que no moverás más tu cola, que no escucharé más tus ladridos, que simplemente tu energía física se ha ido.

Es un día típico previo a las fiestas patrias, pero para mí ya no hay fiestas, ni siquiera sé si hay patria.

La cordillera está blanca, el aire está limpio y frío, las nubes pasan de blancas a negras en un parpadeo, pero eso ya no importa, no te tengo que abrigar, porque ahora la tierra te arropa y el cielo llora mi pena porque te has ido.

No lo sabes, pero me haces tanta falta. A ratos me doy ánimo y me inyecto algo de esa energía que irradiabas para luchar contra lo que hace poco me diagnosticaron.

No te imaginas cuánto me gustaría abrazarte, sentir tu cálido cuerpo de cachorro en mis brazos, ver tu mirada tierna y empatizante que cada que me veía sabía lo que necesitaba.

Hoy es uno de esos días que deberían pasar rápido, y como es costumbre de Cronos jugar con los humanos, lo hace todo al revés y parece eterno como tu alma, triste como mi mirada y desgraciado, como si la humildad hubiera sucumbido.

 

Foto: Pixabay