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Acompañada por papá

Por: José Ángel@poetadelrelato

Hace más de un siglo la infección de estreptococos era una patología mortal. En aquel periodo de tiempo y con esa enfermedad, encontramos a la pequeña Mary Ann Potter de 8 años, que producto de la afección desarrolló una apendicitis, infección en la sangre, neumonía y meningitis.

Los padres estuvieron con ella durante todo el proceso como corresponde, cuidando a la niña, velando por una mejoría que lamentablemente nunca llegó. La familia también apoyó al matrimonio, el médico de cabecera de la familia hizo lo que pudo; pero al cabo de un tiempo con este mal, llegó lo que nadie quería.

Se agravó de tal forma que la niña fue desahuciada tras la revisión del doctor principal y otros profesionales. Ya no había nada que hacer.

El tiempo que le quedaba era escaso, lo mejor era comenzar la despedida…

La noticia les partió el corazón a todos, evidentemente. La madre lloró pero fuera de la vista de la menor, mientras que el padre se contuvo como pudo; pero la niña entendió la situación sin que se lo dijeran.

Fue así que cuando todos la fueron a ver en su cama, no permitió que nadie hablara, pues antes que alguien esbozara algo, se dirigió hacia los presentes en su diminuto cuarto y mirando fijamente a su madre:

No me importaría morir si tan sólo papá se fuera conmigo y me acompañara.

A todos se les hizo un nudo en la garganta, era evidente. Un deseo «inocente» ante el miedo de partir al más allá.

Los días pasaron, la niña empeoró y al tercer día de lo antes mencionado, dejó este mundo. La casa de los Potter se vio inundada por la tristeza y el silencio, ya que no podrían ver crecer, aprender y madurar a la menor de sus hijos.

Con el corazón deshecho y con el poco temple que le quedaba, el padre fue camino a la funeraria a hacer los arreglos y posteriormente pagar el servicio de entierro. Sólo deseaba estar una vez más con su hija y poder decirle cientos o miles de cosas que pasaban por su cabeza.

Cabizbajo volvió a casa, herido por dentro y con los ojos a punto de romper en llanto…

Abrió la puerta, buscó un refrigerio y caminó por la casa… las últimas palabras de su hija comenzaron a dar vueltas por su cabeza una y otra vez sin parar:

No me importaría morir si tan sólo papá se fuera conmigo…

No me importaría morir si tan sólo papá se fuera conmigo…

… si tan sólo papá se fuera conmigo…

… se fuera conmigo…

 

Emory E. Potter (45 años) cayó al suelo y falleció de manera instantánea producto de un paro cardíaco tres horas después de que Mary Ann muriera.

Así como si nada, el deseo de la pequeña niña se cumplió…

Pero lo que es más interesante, dándole ciertos tintes tétricos y misteriosos a esta historia, es que cuando fueron a la misma funeraria para intentar hacer los arreglos para el padre de la pequeña, se les notificó que el mismo señor Potter había cancelado dos entierros y no uno.

 

 

 

Imagen: Diario AM